DESDE RODRIGO DÍAZ DE VIVAR, EL CID CAMPEADOR, HASTA FELIPE VI
DESDE EL SIGLO XI HASTA EL SIGLO XXI
Como ya podemos intuir del titular de este artículo, Felipe VI es descendiente directo de Rodrigo Díaz de Vivar, alias El Cid Campeador. En concreto, es el hijo del hijo.... de su hija Cristina; o dicho de otro modo, Rodrigo Díaz de Vivar es tátara tátara ... abuelo de Felipe VI.
En el presente artículo pretendemos explicar cómo se produjo el camino de la descendencia, ofreciendo, además, algunos, tan solo algunos, detalles históricos relacionados con la misma y con los personajes que la protagonizaron.
Rodrigo Díaz de Vivar, El Cid Campeador, fue un caballero de la Edad Media, famoso por sus hazañas y gestas bélicas.
Las mismas quedaron inmortalizadas en el Cantar del Mío Cid, poema épico que detalla sus venturas y desventuras, en algunas de sus partes imaginarias, y en otras no.
Nunca perdió ni tan siquiera una de las innumerables batallas en las que intervino y eso a pesar de que el ejército almorávide - ejercito, por aquel entonces, recientemente llegado desde tierras africanas para poner orden en la Península Ibérica -, invencible hasta entonces, lo intentó hasta en tres ocasiones distintas, cada una de las cuales acabó en el más estrepitoso de los fracasos.
Sirvió, principalmente, a dos reyes castellanos: Sancho II y Alfonso VI. Ambos eran hermanos. Junto a Sancho, cuando aún era infante, se formó en el arte de la caballería, donde se le elevó a la condición de Caballero.
Sancho y Alfonso eran hijos de Fernando I, primer Rey de Castilla y primer Rey de Castilla y León.
A la muerte de Fernando I, según había dispuesto, el reino se dividió entre sus tres hijos: a García le legó el Reino de Galicia; a Sancho el reino de Castilla; y a Alfonso el reino de León, el más importante de los tres ya que confería a su poseedor la subordinación de los otros dos, así como el título de Emperador de todas las Españas.
Fernando I era hijo de Sancho el Grande, Rey de Pamplona, que, también, fue el padre de Ramiro I, primer Rey de Aragón, reino que, hasta entonces, había sido solo uno de los condados de los que conformaban el reino de su padre.
Su madre - la de Fernando I - era Muniadona de Castilla, legítima heredera del, por aquel entonces,también, condado de Castilla. Lo fue tras la muerte sin descendencia de su hermano García Sánchez.
Fernando se casó con Sancha de León, heredera del Reino de León, e instauró en Castilla y León la conocida dinastía Jimena, dinastía proveniente de los reyes de Pamplona y heredera del primero de sus reyes, Íñigo Arista.
A pesar de la voluntad de su padre, Sancho (que era el primogénito y creía tener derecho al reino conjunto) y Alfonso se aliaron para derrocar a su hermano - García - del Reino de Galicia, repartiéndoselo entre ambos.
Sin embargo, un año más tarde, Alfonso fue también derrocado y hecho prisionero, a su vez, por Sancho. Al mando de los ejércitos de este último estuvo El Cid Campeador.
Tras lo sucedido, Alfonso VI, ya sin reino, fue confinado a un convento, pero al sospechar de que iban a atentar contra su vida, recurrió a su hermana para que intermediara con Sancho, para que le permitiera trasladarse hacia territorio moro (Toledo), donde permaneció hasta que se produjo la sospechosa muerte de Sancho. La mayoría de historiadores defienden que él no tuvo nada que ver, aunque no hay pruebas al respecto.
A la muerte de su hermano, Alfonso VI es proclamado Rey de Castilla, de León y de Galicia. Los historiadores coinciden en señalarlo como uno de los mejores reyes castellanos. Desplazó la frontera cristiana desde las lindes del Duero hasta las del Tajo.
Todos y cada uno de los que se han nombrado hasta ahora, salvo Sancho y García, son tátara tátara...abuelos de Felipe VI.
Lo son: Sancho el Grande, Rey de Pamplona; Fernando I, primer Rey de Castilla y primer Rey de Castilla y León; Ramiro I, primer Rey de Aragón; Alfonso VI, Rey de Castilla y León; Sancha de León, Reina de León; Muniadona de Castilla, Reina consorte del Reino de Pamplona y heredera del Condado de Castilla; y El Cid Campeador, el que fuera más tarde Señor de Valencia.
La sucesión de Ramiro I, primer Rey de Aragón, hasta Felipe VI se puede vislumbrar de otro artículo que figura en este Blog.
Con el título "Desde Wilfredo el Velloso, Conde de Barcelona en el Siglo IX, hasta Felipe VI", narramos la sucesión que se produjo en el Condado de Barcelona desde el siglo IX hasta la actualidad.
Tal y como dijimos, el Condado de Barcelona se unió al Reino de Aragón por la boda de Ramón Berenguer IV con Petronila de Aragón, hija de Ramiro II, Rey de Aragón, por lo que los titulares del condado pasaron a pertenecer a la casa de Aragón. Si tenemos en cuenta que, hasta dicho momento, todos los reyes de Aragón, desde Ramiro I, se habían sucedido de padres a hijos, ya tenemos relatado cómo se sucedieron los reyes de Aragón hasta Felipe VI.
Podríamos continuar con cualquiera de los personajes antedichos, de los que desciende Felipe VI, sin embargo, nos vamos a centrar en el menos regio de ellos: El Cid Campeador. Aunque nos centramos en él, el propio relato desvelará la descendencia de los otros que se han nombrado.
Aunque no llegó a ser igual de regio que sus congéneres, habrá de tenerse en cuenta que, gran parte de los reyes de toda Europa, sí descendieron de él.
Dos son las causas que me motivan a centrarme en su figura: la primera es la de la trascendencia histórica de este personaje al haberse inmortalizado en el poema épico del Cantar del Mío Cid. Gracias a este poema, El Cid Campeador ha sido parte, durante siglos, de las vidas de todas aquellas personas que posibilitaron que nosotros mismos estemos leyendo este documento en este instante.
Si generaciones y generaciones de españoles han tenido cosas en común, probablemente, el conocimiento y la transmisión de esta auténtica leyenda sea una de ellas.
La segunda razón es la reciente relevancia que ha adquirido este personaje histórico con motivo de la novela "Sidi" de Arturo Pérez Reverte, novela en la que mezcla hechos históricos ciertos con otros novelados, al tener que recurrir para rellenar los profundos huecos que devienen, tal y como él bien dice, de las carencias de datos existentes sobre muchas partes de la vida de este singular caballero de la Alta Edad Media.
Ciertos son los calificativos de mercenario que algunos le dieron por sus servicios prestados a los moros y a otros reinos cristianos. Sin embargo, era una práctica muy habitual de la época que reyes y otros nobles, cristianos y moros, se aliaran, unos y otros, en las disputas de los otros con los unos. No obstante, dicha circunstancia obedeció, en su mayor parte, al haber sido víctima de importantes intrigas palaciegas de altas personalidades de la época, que nunca le perdonaron sus afrentas; unas intrigas que fueron las desencadenantes para que Alfonso VI lo desterrara en dos ocasiones.
Sin embargo, hasta en otras dos ocasiones Alfonso VI tuvo que levantarle sus destierros pues su trascendencia, importancia y capacidad para desnivelar la balanza hacia uno u otro lado, en una contienda, eran más que significativas. El propio Alfonso VI las sufrió.
Por otro lado, contaba con muchos hombres que le seguían allá donde fuere, por lo que había que procurarles el debido sustento de la forma en la que era más habitual en la época: luchando. El destierro de un caballero conllevaba también el de sus vasallos que habían de permanecer junto a él, al menos, hasta que encontrara mejor fortuna.
No obstante, muy peculiar debe ser un mercenario que se codea con reyes, que interviene como testigo en importantes acuerdos del reino y que utiliza a su regias majestades hasta el punto de que el propio Alfonso VI hiciera de Celestina para casarlo con una hija - Jimena - del Conde de Asturias, y bisnieta del Rey Alfonso V, su propio abuelo; y para que Pedro I, Rey de Aragón, hiciera lo propio para que su hija, Cristina, se casara con un infante del Reino de Pamplona que era nieto del que también había sido su propio abuelo.
Aunque la descendencia le llega a Felipe VI por varias vías - entre ellas por la parte de los reyes de Francia y de la Navarra francesa -, nos centraremos en la más próxima a nosotros.
Hemos de aclarar que, en esta serie de artículos, cuando nos referimos a una vía, no podemos descartar otras - innumerables - a esa misma vía, pues la boda entre primos, unos y otros también descendientes de El Cid, fueron muy comunes durante todo el periodo de análisis.
Solo por poner un ejemplo: los dos padres, los dos abuelos, los dos bisabuelos...., de Felipe V eran descendientes directos, cada uno por su respectiva rama familiar, de El Cid. Aunque no lo comentamos cuando hablamos de Wifredo, también con él, ocurría lo mismo.
Dicho lo anterior, a continuación pasamos a detallar cómo se produjo la descendencia.
Desde El Cid Campeador hasta Felipe VI:
1º. Cristina, hija de Rodrigo Díaz de Vivar, se casó con Ramiro Sánchez, infante del Reino de Pamplona. El hijo de ambos fue García Ramírez el Restaurador, Rey de Pamplona.
2º. García Ramírez se casó con Margarita de L'Aigle y tuvieron tres hijos: Sancho VI, primer Rey de Navarra (hasta ese momento habían sido Reyes de Pamplona; Felipe VI desciende de él, entre otras, por la vía francesa); Blanca de Navarra y Margarita de Navarra.
3º. Blanca de Navarra se casó con Sancho III, Rey de Castilla. Sancho III era de la casa de los Borgoña. Casa que instauró su abuelo Raimundo de Borgoña al casarse con Urraca I de León, hija de Alfonso VI, Rey al que sirvió El Cid Campeador durante gran parte de su vida.
El padre de Sancho III era Alfonso VII, Rey de Castilla y de León, casado con Berenguela de Barcelona, hermana de Ramón Berenguer IV, Conde de Barcelona (desde dicho momento, todos los Reyes de Castilla y de León provienen de los primigenios Condes de Barcelona).
El hermano de Sancho III, Fernando II, fue el Rey de León (del que desciende, también, Felipe VI por lo que contamos a continuación).
4º. Los descendientes de Sancho III se sucedieron como Reyes de Castilla, de padres a hijos, hasta que Berenguela de Castilla, hija de Alfonso VIII, se casó con Alfonso IX, Rey de León, volviéndose a reunificar los dos reinos en el hijo de ambos, Fernando III, Rey de Castilla y León.
Alfonso IX, Rey de Léon, también era producto de la sucesión, de padres a hijos, en el reino de León, de los Borgoña, desde el propio Fernando II, el que fuera hermano de Sancho III.
Así se reunificaron ambos reinos y ambas familias.
5º. Los Borgoña se siguieron sucediendo de padres a hijos, como Reyes de Castilla (y de León) hasta Pedro I, Rey de Castilla (y de León), hijo de Alfonso XI.
Alfonso XI había tenido un hijo ilegítimo, Enrique, al que le concedió el título de Conde de Trastámara, condado ubicado en Galicia.
Enrique no se conformó e inició una guerra contra su hermano, Rey de Castilla, en la que logró asesinarlo y proclamarse Rey.
Cuentan las crónicas que se paseó por todo el reino, con la cabeza de su hermanastro, Pedro, clavada en una pica, para demostrar a todos quién era el nuevo Señor de Castilla.
Reinó con el sobrenombre de Enrique II, e instauró la que se conoció como la casa real de los Trastámara.
6º. Felipe VI desciende de ambos: de Pedro I, Rey de Castilla, y del mencionado Enrique II, que le sucedió en el trono. Es decir, desciende del asesino y del asesinado..., con lo que todo quedó en "casa".
Esto fue así porque el reino se dividió entre partidarios de los herederos de uno y de otro.
Y la solución que adoptaron no fue otra que la acostumbrada en aquellas épocas: un matrimonio entre los nietos de ambos reyes, es decir, entre Enrique III, nieto de Enrique II, y Catalina de Lancaster, nieta de Pedro I.
Esto dio por finalizada la controversia.
El antes reseñado Enrique III, Rey de Castilla (y de León) era el abuelo de Isabel La Católica. Fue el hermano de Fernando de Antequera, Rey de Aragón y Conde de Barcelona, y abuelo de Fernando el Católico.
La descendencia, desde este momento hasta Felipe VI, ya la explicamos en el otro artículo que figura en este Blog con el título: "Desde Wifredo el Velloso, Conde de Barcelona en el siglo IX, hasta Felipe VI"
No obstante, resumimos la descendencia de Felipe VI, por la parte del Cid Campeador en el siguiente esquema:
El Cid tiene como hija a Cristina que se casa con Ramiro Sánchez, infante del Reino de Pamplona. De ese matrimonio nace Sancho Ramírez, Rey de Pamplona, que tiene como hija a Blanca, que se casa con Sancho III, Rey de Castilla, de la casa de los Borgoña.
A partir de él, los Borgoña se siguen sucediendo de padres a hijos hasta que Enrique II, hijo de Alfonso XI - un Borgoña -, instaura la dinastía de los Tratámara.
Los Trastámara se suceden de padres a hijos, hasta Carlos I, que instaura la casa de los Austria. Carlos I era hijo de Felipe el Hermoso, un Austria, e hijo de Juana La Loca que era hija, a su vez, de los Reyes Católicos, Trastámaras ambos y descendientes directos de Enrique II.
A partir de Carlos I, los Austrias se sucedieron de padres a hijos hasta Felipe V que era hijo de Luis de Francia que era hijo de María Teresa de Austria que era hija de Felipe IV, último Rey de España de la casa de los Austrias que tuvo descendencia.
Con Felipe V, comenzó la casa de los Borbón, que se vienen sucediendo de padres a hijos hasta Felipe VI.
COLORARIO: En nuestro anterior artículo ya narramos la trascendencia, en la formación de la España moderna, que tuvo el Condado de Barcelona a través del Reino de Aragón. Añadir a este papel trascendente lo que hemos comentado en este: la hermana de Ramón Berenguer IV, Berenguela de Barcelona, casó con Alfonso VII, Rey de Castilla y de León, siendo, por tanto, a partir de dicho momento, todos los reyes de dichos reinos descendientes de los primigenios Condes de Barcelona.
Ocurre lo mismo con los Reyes de Aragón ya que el hijo de Ramón Berenguer IV, Alfonso II, Rey de Aragón, se casó con una hija de Alfonso VII, Sancha de Castilla, por lo que ya, todos los reyes aragoneses que le siguieron descendían, aparte de los navarros que constituían su propia génesis, de los reyes castellanos y leoneses que le habían precedido. Ojo a esto porque estamos hablando del Siglo XII
En este artículo se vislumbra la de los vascos y navarros. Efectivamente, los vascos reclaman Navarra como parte misma de ellos. Sin embargo, Navarra ha sido crucial para la formación de la España moderna. No olvidemos que Sancho el Grande, Rey de Pamplona, fue el padre de Fernando I, primer Rey de Castilla y primer Rey de Castilla y León; de Ramiro I, primer Rey de Aragón; y de García Sánchez Rey de Pamplona (padre del marido de la hija de El Cid). Ellos y sus herederos fueron los que montaron este país en la versión que, hasta nosotros, ha llegado.
Por ello, si a Asturias y Cantabria las podríamos considerar como el padre de España - ya hablaremos de ellas en otro momento- sin duda, su madre fue Navarra; y Cataluña, como mínimo, la hermana de la madre.
No olvidemos, tampoco, que el Señorío de Vizcaya recayó, en el siglo XIV en Juan I, Rey de Castilla (y León) por herencia de su madre, legítima Señora de Vizcaya, por lo que, desde entonces, el Señorío de Vizcaya ha recaído en los Reyes de Castilla. Unos Señores de Vizcaya que, también, eran descendientes directos de algunos de los que aquí hemos nombrado como de grandes inspiradores de la España moderna.
Y lo fue porque su padre, el Señor de Vizcaya, Enrique II, tal y como hemos contado aquí, mató con sus propias manos al Rey de Castilla (y de León y de Galicia). Es decir, no es el Rey de Castilla el que es el Señor de Vizcaya, es el Señor de Vizcaya el que es el Rey de Castilla.
Montaron un país y, por lo visto, no les ha gustado lo que ellos mismos hicieron, y ahora dicen: "pues ahí os quedáis que yo no tengo nada que ver con este asunto"
Sé que no es así. Los que hoy en día dicen eso, no conocen nuestra historia, y lo difícil que ha sido llegar hasta aquí. Todo ha sido un simple "aborregamiento" producto de una enseñanza sesgada de solo las partes de nuestra historia que solo a algunos les ha interesado contar.
A todos nos han ocultado estos datos, a mí el primero. Y a muchos, de una forma muy maliciosa, y con la única intención de conseguir los sueños políticos de unos pocos, muchos ignorantes de la verdad y otros, los peores, que son ciertos conocedores de esta realidad pero que la intentan ocultar.