Muchas personas están muy ilusionadas con el nuevo pacto de Gobierno entre el PSOE y Unidas Podemos y toda la serie de partidos independentistas, nacionalistas y "autodeterministas".
Algunos, hasta se creen que va a ser el principio de la posibilidad de alcanzar la independencia de sus respectivos territorios. Siento defraudarles.
Otros, se encuentran en el otro lado de la balanza. Se muestran extremadamente preocupados. Lo ven como el principio del fin. Como el hito que posibilitará la desaparición de España. Como la génesis de toda una serie de concesiones a aquellos que persiguen la segregación unilateral del país en un grupúsculo de mini naciones, las más de las veces, enfrentadas entre sí y abocadas a la más absoluta de las miserias. También siento defraudarles. Más bien, espero que se tranquilicen.
En otros artículos de este Blog, les he explicado cómo no existe ninguna posibilidad de que ningún Gobierno pueda negociar un referéndum para la independencia de ninguno de los territorios que componen nuestro país.
Expliqué cómo la Constitución Española no fue sino el ejercicio del pueblo español del derecho a la libre determinación de los pueblos. Y que, en el ejercicio de dicho derecho, decidió que la soberanía nacional residiese en él mismo - en el pueblo español - y que España fuese indivisible.
Como también dije, además, decidió quiénes y de qué formas se debía proceder para cambiar esas normas, lo que quedó recogido en el artículo 168 del propio texto constitucional: lo deben aprobar los dos tercios de ambas Cámaras; se deben convocar nuevas elecciones; que las nuevas Cámaras - las dos - lo vuelvan a aprobar por mayoría de dos tercios; y que se convoque un referéndum en el que el pueblo español termine por refrendar la reforma constitucional propuesta.
- el PP y Vox superan holgadamente un tercio del Congreso lo que imposibilita cualquier iniciativa sin su conformidad -
En esos artículos, resalté cómo es imposible que un Gobierno, sea cual sea, pueda vulnerar dicho procedimiento ya que, si lo hiciera, sería el propio Gobierno el que estaría vulnerando la propia Constitución.
Efectivamente, en el procedimiento que hemos descrito, el Gobierno no tiene asignado ningún papel explícito que le permita, mediante una actuación independiente, proceder a una utópica negociación para la convocatoria de un referéndum vinculante para la independencia de una zona de nuestro país.
Sin embargo, los partidos que persiguen la independencia de determinadas regiones de España, parecen no haberse enterado de este muro infranqueable que no puede soslayar ningún Gobierno, so pena de que quienes lo integran, lo hagan transgrediendo la propia Constitución, jugándose acabar de bruces en la cárcel.
O nadie se los ha explicado porque no han sabido cómo hacerlo para que lo entendieran; o a nadie le ha interesado explicárselo tan claramente como aquí lo estamos haciendo; o lo saben, y los unos solo pretenden sacar más y más prebendas, como en otras ocasiones; y los unos y los otros seguir viviendo del cuento, manteniéndonos adecuadamente distraídos, para que no nos demos cuenta de sus más que probables incapacidades.
Por lo visto, el acuerdo que respaldará al futuro Gobierno se cimentará en la incumplible promesa de que algunos darán pasos firmes y seguros hacia un utópico referéndum de autodeterminación, hacia una utópica plurinacionalidad de España. Lo que, dada la fragilidad de los apoyos con que se cuenta, les llevará desde la esperanza - simulada o no - de que por fin alcanzarán los objetivos por los que llevan tantos años luchando, hasta una - también simulada o no - paulatina y cada vez mayor frustración, que acabará desembocando, como no podría ser de otra forma, en la retirada de todos los apoyos, más pronto que tarde, y en la convocatoria de unas nuevas elecciones.
Y a una vuelta a empezar.
Por tanto, ni los unos se ilusionen demasiado, ni los otros caigan en desesperanzas infundadas.
Si la cosa no cambia, tendremos otro añito de transición, o como decimos en Canarias, de "pasteleo". Añito que, de nuevo, será de mera campaña electoral.
Si la cosa no cambia, tendremos otro añito de transición, o como decimos en Canarias, de "pasteleo". Añito que, de nuevo, será de mera campaña electoral.
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